Las Oblatas de Santa Marta
vivimos el seguimiento de
Cristo Sacerdote y Víctima.

Oblata significa ofrenda.

Vivimos ofrecidas con Cristo al Padre

Vivimos SACERDOTALMENTE haciendo de
nuestra vida una ofrenda asociada a la ofrenda
sacerdotal de Jesucristo.

Cuando el Señor se encontraba fatigado; cuando la solapada o hipócrita persecución de los escribas y fariseos le amargaban la vida, se refugiaba Jesús en Betania, donde encontraba paz, cariño, abnegación y servicialidad; ya que Marta se desvivía por obsequiarlo y obsequiar a sus apóstoles.

Mientras Marta se afanaba en prepararlo todo para la comida, María, sentada a los pies del Maestro, escuchaba embelesada sus palabras. Marta, un poquitín celosa y agraviada porque ella tenía que trabajar, con la audacia que da el cariño y la amistad, le dijo a Jesús: -“Señor, ¿no te da enfado que mi hermana me deje sola para servir? Dile que me ayude”. Respondió Jesús y le dijo: – “Marta, Marta, te inquietas y te turbas por muchas cosas, pero pocas son necesarias; más bien una sola es necesaria”. (Cfr. Lc 10, 38-42)

Nosotras continuamos la misión de Santa Marta que, iluminada por el Espíritu Santo, reconoció a Jesucristo como a su Dios, atendió al Señor y a sus apóstoles y, con celo ardiente por el Reino de Dios, colaboró con ellos evangelizando y encendiendo a las almas en el amor de Jesucristo. 

Entonces, el Jesús que fue servido y amado en Betania seguía en el mundo y la misión de Santa Marta continuaba; y al extenderse el sacerdocio extendíase la posibilidad, para Santa Marta, de auxiliar a través de los tiempos y de todas las distancias a Cristo viviente en todas partes.

A la luz del ejemplo de Santa Marta, nuestra madre y modelo, y fieles a la misión que la Iglesia nos ha confiado, las Oblatas de Santa Marta dedicamos nuestra vida a orar por la santificación y multiplicación de los sacerdotes y a colaborar con ellos en sus diversos ministerios.

Amamos a la Santísima Virgen María como madre de Cristo Sacerdote y madre de los apóstoles, especialmente de los sacerdotes.

La honramos en el MISTERIO DE LA SOLEDAD que ella vivió después de la Ascensión de Jesús recordando lo que en esos años la Santísima Virgen hizo, en favor de la Iglesia y de los apóstoles, lo que las Oblatas de Santa Marta, en nuestra pequeñez e imperfección, tratamos de hacer para cumplir la misión que hemos recibido de la Iglesia.