¿para quién soy yo? ¿Qué hago aquí? ¿Qué deseos tiene Dios para mí?

¿qué hay en mi corazón, cuáles son mis anhelos más profundos?

¿dónde estoy y hacia dónde quiero llegar?

¿hacia dónde jalonea mi corazón?

los distintos caminos que tengo para ser feliz:

La vocación es aquello para lo que hemos sido creados, es nuestro “para qué”, es encontrar el deseo de Dios para cada una de sus creaturas. El deseo de Dios, en lo profundo del corazón, suscita los grandes anhelos en cada uno de nosotros. Dios ama y llama constantemente.

La vocación es el descubrimiento del propio rostro, del proyecto de vida, del nombre que Dios ha dado a cada uno de nosotros, del papel que a cada cual se le ha confiado en la vida; un papel pensado a la medida de cada cual y un nombre absolutamente único, singular e irrepetible, que no puede ser copiado por nadie y que se refiere indistintamente a cada ser humano.

Ante todo, que te tomes muy en serio todo esto; que creas de veras que Dios te llama y sigue llamándote, sin duda alguna; que pienses en tu vida y tu futuro desde esta perspectiva, no como un proyecto sólo (o aparentemente) tuyo, ni pensado de acuerdo a unos criterios limitados y mezquinos, sino como respuesta y aceptación de un proyecto que viene de lo alto, que viene del Eterno, de su sueño misterioso… y que luego se te confía a ti; más aún, que está tan cerca de ti que puedes descubrirlo si aprendes a mirar con atención en tu interior y en torno tuyo.

Se trata del diálogo vocacional entre la libertad de Dios y tu propia libertad. Dios no te obliga, puedes estar tranquilo; su amor es débil, como todo amor verdadero; no te violenta en lo más mínimo; no deja de amarte aunque le vuelvas la espalda; te deja libre, más aún, te hace libre, libre para responderle.

Pero, si decides escucharlo y aceptar su benevolencia, entonces se abrirá de par en par ante ti un horizonte increíble, capaz en verdad de inflamar tu corazón. Entonces entrarás poco a poco en los sueños de Dios, aprenderás a soñar como Él, a tener sus mismos deseos.

 

Si tienes más preguntas que respuestas.

Si sientes que hay algo más, pero no sabes definirlo.

Si buscas un sentido más profundo.

Somos mujeres atraídas por Jesús, llamadas por Él a vivir su espíritu sacerdotal. Somos mujeres frágiles que nos hemos fiado de la palabra de Jesús que nos dice que: “sólo una cosa es necesaria”, amarle Él y cumplir su voluntad.

Para ser Oblata es preciso ser llamada por Jesús a vivir lo “único necesario:” “Él”

CONTINUA CONOCIÉNDONOS…