Ser Oblata de Santa Marta requiere un camino, un tiempo de formar el corazón por Jesucristo, hasta llegar a ser otro Cristo Sacerdote y Víctima.

La Formación para la Oblata se adapta al desarrollo natural de las jóvenes y se da gradualmente a través de etapas amplias que favorecen la maduración de las hermanas y las preparan para su compromiso definitivo.

Esta etapa es la primera que vivimos ya ingresando de manera formal al Instituto y dura un año aproximadamente.

Tiene como propósito que las jóvenes crezcan en un diálogo consigo mismas, con Dios, con los demás y con la realidad que las rodea; para que les permita tomar conciencia de su vocación y continúen respondiendo con alegría al proyecto de Dios.

Ésta es la segunda etapa donde se nos da el primer signo visible que forma parte de la vestimenta de la Oblata de Santa Marta: la medalla, que lleva impresa la imagen de Santa Marta y de nuestra Sra. de los Dolores, patronas de nuestro Instituto.

Tiene como finalidad que las jóvenes crezcan humana y cristianamente, reafirmando su identidad personal.

Es la tercera etapa siendo un período fundamental en la formación y dura dos años.

Su fin principal es que las novicias conozcan mejor si Dios las llama a la vida religiosa propia de nuestro Instituto. Se inicien en el conocimiento profundo y vivo de Cristo y de su Padre, y lleguen a vivir -según las enseñanzas del Evangelio y de acuerdo con el espíritu de Santa Marta- una auténtica amistad personal con Jesucristo.

Es la cuarta etapa de nuestra formación y lo dividimos en juniorado menor; que son las hermanas que aún están en la casa de formación y el juniorado mayor, que son las hermanas que se encuentran en alguna de las comunidades apostólicas.

Esta etapa es el tiempo comprendido entre la primera profesión y la perpetua y tiene por objeto consolidar la fidelidad de las jóvenes profesas.