Clásicamente, se utiliza el término “monja” o “monje” para referirse únicamente a las mujeres que pertenecen a ordenes o congregaciones de clausura, es decir, que su vida religiosa y su actividad apostólica la desarrollan dentro de su monasterio solamente. El término “religiosa” o “religioso” se usa, en cambio, para aquellas mujeres o hombres de vida activa o misionera que desarrollan su vida y actividad apostólica en el mundo. Las Oblatas de Santa Marta somos religiosas que desarrollamos nuestra misión apostólica en el mundo.
Lo cierto es que nunca podemos tener una certeza absoluta. Lo que sí está en tu mano es poner todos los medios para descubrir el camino al que Dios te llama. Además, el discernimiento no acaba con la decisión de entrar o no a la vida religiosa. Es más bien un proceso continuo en el que uno va dando pasos y confirmando poco a poco.
No, en ninguna de las etapas se le pide a la joven formada o a la Oblata que financie su formación o su permanencia en la comunidad religiosa. El Instituto se encarga de ofrecer lo necesario para la formación de cada Oblata. La persona, por su parte, se compromete a vivir todo ello con austeridad y agradecimiento, según el voto de pobreza.
La edad mínima serían 16 años. Aun así, las Oblatas sugieren pedir a la joven candidata concluya su preparatoria. En cuanto a la edad máxima, lo ideal es de 28 años, pero pueden haber sus excepciones concretas: depende mucho de la persona, sus circunstancias personales y su capacidad para “aprender un nuevo modo de vida”.
Si alguna vez te has planteado ser Oblata, lo mejor es hablarlo con una Oblata cercana a la que conozcas. Verás que no es tan difícil… y juntas podrán empezar un camino para descubrir qué quiere Dios de ti. Si no conoces a ninguna puedes escribirnos a la pastoral vocacional. Una promotora vocacional te responderá de forma personal y tratará de ayudarte en tu búsqueda. Y si empezaras un proceso vocacional siempre tendras la libertad para dejarlo y/o continuar.
No, no hace falta. Hay gente que entra con los estudios en curso o sin ellos. Lo que sí es importante es contar con una cierta aptitud para el estudio y con la motivación suficiente. La formación académica con la Oblatas es exigente, aunque se ofrecen todos los apoyos para que esto sea una riqueza y no un problema.
En los primeros momentos, no pasa nada. Sólo tras los dos años de noviciado, uno adquiere un compromiso personal. Noviciado tiene la misma raíz que noviazgo… Es por tanto tiempo de prueba, de conocerse mutuamente las Oblatas y la formanda, para ver si existe una verdadera vocación. Tras los votos, la Oblata sí que adquiere un compromiso que, no obstante, va madurando y creciendo con los años.
El requisito primero es el que seas llamada por Jesús a la vida religiosa como Oblata de Santa Marta. Y eso se descubre a través de un proceso vocacional para ir verificando los otros aspectos importantes que hay que considerar, como lo son: capacidad mental, salud física, aptitud para la vida comunitaria, espíritu apostólico y otros.